Viendo al sol

Ximena Luján Zúniga Dorn nació el 25 de abril del 2019 a las 12:42 a.m. de 38 semanas y cuatro dias.

Las personas que me siguen en Instagram saben que esperar el nacimiento de Ximena fue un poco desesperante para mí. Creo que tiene mucho que ver la sangre alemana que llevo dentro jeje. Soy una persona bien organizada y que le gusta estar preparada, eso de no saber cuándo van a pasar las cosas no va conmigo. Como les comenté en mi post sobre mi primer parto (titulado Casi Dejo el Bumper), Victoria nació de 37 semanas y yo estaba mentalizada de que Ximena iba a ser igual.

Las 37 semanas caía justamente en Semana Santa, entonces decidimos no salir de Managua y quedarnos en casa. El martes Santo amanecí con un dolor en la espalda baja ESPANTOSO. Tuve cita con el ginecólogo y no podía estar acostada en ninguna posición, me dolía demasiado. Éste dolor lo sentí dos días antes de haber parido a Victoria y obviamente pensé que posiblemente el jueves Santo Ximena nos iba a dar la sorpresa. Nel pastel, termino la Semana Santa y Ximena seguía muy cómoda dentro de mamá (claro, si es un hotel cinco estrellas 😉 ).

Como me había mentalizado de que Ximena iba a nacer en Semana Santa, yo había dejado todo listo la semana anterior, y cuando les digo todo listo, me refiero a TODO. Supermercado, fotos, grabaciones, banco, salón, tratamientos y artículos para el blog. Yo quería pasar las primeras dos semanas post parto sin tener que preocuparme de nada, dedicarme 100 por ciento a Ximena. Entonces realmente no tenía NADA que hacer, eso sí, aproveche para pasar más tiempo con Victoria.

Una de las razones por la cual estaba bastante ansiosa era porque en el último ultrasonido Ximena estaba viendo hacia arriba o “viendo al sol” como le dicen. Ésta posición no es la correcta para un parto natural y el doctor me explicó que en la mayoría de éstos casos la labor de parto es más larga, los bebés se quedan como atascados y terminan naciendo por cesárea (por lo menos eso fue lo que yo entendí). Pero como estábamos iniciando la semana 37 todavía había posibilidades de que Ximena se volteara.

El martes 23, mientras me estoy bañando, noto unas tiritas de moco verde en el piso, era el tapón mucoso. No le puse mucha atención porque realmente era bien poquito, con Victoria el tapón era algo enorme y hasta con sangre, pensé que a lo mejor lo estaba sacando poco a poco.

Al día siguiente, miércoles 24, decidí ir a yoga para relajarme un poco, me costó hacer las secuencias porque me cansaba rápido, pero logré relajar bastante la mente y enfocarme en ejercicios para abrir la pelvis. Por la tarde me fui a visitar a una de mis mejores amigas que acababa de dar a luz para conocer a la bebé, pero estando ahí me sentía rara. No físicamente, emocionalmente, no quise chinear, algo MUY RARO porque a mí me encanta chinear recién nacidos. Mientras estaba donde mi amiga me escribe el Dr. Mendieta para decirme que quería hacerme ultrasonido el jueves por la mañana (al día siguiente) para ver si Ximena había cambiado de posición. Cuando termino de agendar la cita del ultrasonido me empiezo a poner inquieta, lo único que quería era ir a traer a Victoria (que estaba donde mis papás) e irme a la casa. Me despedí de mi amiga y me fui. Esa noche le tocaba a mi esposo dormir a Victoria, pero quise hacerlo yo.

Cuando me acuesto para ir a dormir, tipo 9:00 p.m, me percato que estoy teniendo las contracciones (súper mega leves) cada media hora, pero decido dormirme, “si realmente son las contracciones de parto entonces me van a levantar” pensé. A las 10:45 p.m. me despierto sintiendo las contracciones más fuertes y más seguidas, así que las empiezo a monitorear, me estaban dando cada siete minutos. Levanto a Juan Carlos, mi esposo, y le digo “creo que llegó la hora, me voy a bañar y después llamo al doctor”. Me bañé tranquila y llamé al doctor Mendieta. “Andá al consultorio, el Dr. Matus llegará primero a revisarte porque vive más cerca, yo ya voy para allá”. Perfecto, me vestí, llamé a mi mamá para decirle que ya estaba con contracciones cada cinco minutos y que iba camino al hospital para que me revisaran, agarré la maleta, le di un beso a Victoria mientras dormia y nos fuimos al hospital (ahí queda el consultorio).

Llegando al consultorio, alrededor de las 11:30 p.m., las contracciones estaban cada dos minutos, pero bastante leves, todavía no había roto fuente asi que yo me sentía tranquila. El Dr. Matus me revisó y ya tenía cuatro centimetros de dilatación. Me hizo el ultrasonido para ver si Ximena se había volteado y negativo, seguía viendo hacia arriba. El Dr. Matus volvió a explicarme lo que implicaba la situación y yo solo le dije “tranquilo doctor, Ximena va a nacer natural y perfecta, lo vamos a lograr”. No sé por qué, pero yo sentía paz.  Mi esposo si estaba un poco nervioso, pero se portó de maravilla.

“Vamos a tratar de voltearla” me dijo Matus. «Vas a sentir incomodidad» y procedió (incomodidad ni que nada, era un dolor ¡horrible! pero sabía que se tenía que hacer para que Ximena saliera bien). Después de varios intentos fallidos, rompo fuente ¡y que fuente! Yo no logré ver nada, solo sentir y escuchar como salía y caía líquido amniótico, ver la cara de asco de mi esposo fue ¡priceless! Jajaja Lo primero que le dije al Dr. Matus al romper fuente fue “por favor llame YA al Dr. Padilla (el anestesiologo)”. Sabiendo como fue el parto de Victoria, el doctor lo llamó sin dudarlo.

Después de medio limpiar el consultorio me trasladan inmediatamente a un cuarto en maternidad para “prepararme”. Ya a éste punto las contracciones eran insoportables, sentía que estaba reviviendo el parto de Victoria. No quería estar de pie, ni sentada y mucho menos acostada. Solo quería caminar y caminar y caminar pero me tenían que canalizar para el suero y conectar la máquina que monitorea el corazón de la bebé (sorry no se cómo se llama) entonces a penca me tenía que acostar. Las enfermeras bien nice pero en éste parto a ellas era a las que quería ahorcar. Las dos platicando y yo ahí sofocada esperando la siguiente contracción en una posición que no quería estar. “Miren, las contracciones las tengo cada minuto, por fa aprovechen el minuto que tengo de descanso para ponerme lo que me tengan que poner y apúrense porque esto va a ser rápido” les digo. “Tranquila que apenas tiene cinco centimetros de dilatación” me dijo una. “Si, respire profundo y no se mueva por favor para ponerle bien el catéter” me dice la otra. Pues yo solo las quedo viendo y les digo “Pues saben que, ya tengo que pujar, así que llamen al doctor por favor” “ihhh no, no puede pujar todavía, ¡si apenas tiene cinco centimetros!” me dice una. “Si tengo que pujar es porque OBVIAMENTE no tengo cinco centimetros, por favor llame al Dr. Matus” les digo con un tono más demandante. Llega el doctor y dicho y hecho, ya tenía nueve centimetros de dilatación. “Bueno Adrianita, vamos para la sala de parto”. Saliendo del cuarto aparece el Dr. Padilla. Cuando lo veo (lo veia como un angel iluminado flotando hacía mi jaja) le agarro la mano y le digo con cara de gatita triste “por fa no me diga que ya no me puede poner el epidural que me muero”, pero el tan bello me dijo que si, que no me preocupara.

Entramos a la sala de parto y a los cinco minutos entra el Dr. Mendieta, pero faltaba alguien bien importante, ¡mi esposo! Él había ido a hacer el ingreso cuando me estaban trasladando del consultorio al cuarto y no había regresado.

Empezaron a ponerme el epidural, esa puesta fue espantosa, peor que la de Victoria porque yo ya estaba pujando con cada contracción. Ponerse de un lado en posición fetal, con las piernas juntas y con contracciones es tortura, y pujar y al mismo tiempo quedarme quieta es medio imposible.»No te muevas Adriana, no te muevas» me repetía el Dr. Padilla y yo solo le contestaba «no haga nada todavía que viene contracción, no haga nada que no puedo quedarme quieta en la contracción». Y así pasamos como 3 minutos hasta que por fin el Dr. Padilla logró meter la aguja. Sentir lo helado de la anestesia por la espalda fue un enorme alivio.

Me pongo en posición para pujar y el Dr. Matus intenta voltear a Ximena una última vez y nada. Al fin apareció Juan Carlos todo sofocado “¡tuve que dejar a la señora de admisión hablando sola! Se estaba tardando demasiado y yo tenía el presentimiento que vos ya estabas aquí metida. Me dijo que no me podía ir sin hacer el ingreso porque no me iban a dejar entrar a la sala de parto, pero yo me hice el loco y me vine corriendo” me dijo. En mi mente solo pensaba “Dios mío, van a decir que somos una pareja malcriada jajaja yo regañando a las enfermeras en el cuarto y Juan Carlos ignorando a la de admisiones y rompiendo las reglas. Pero bueno, estabamos en lo que estabamos jeje.

Después de pujar unas tres veces después de que me aplicaran el epidural empiezo a sentir la disminución del dolor. Voltear a Ximena no había funcionado, pero todo parecía marchar bien. En la penúltima contracción la bebé logra coronarse y yo la sentía en todo su esplendor, fue el minuto más largo y más doloroso de mi vida ya que ahí me tuvieron que hacer una episiotomía (si no saben que es, Google jeje) “Ok Adrianita, en ésta siguiente contracción va salir la niña, necesitamos que pujes con todas tus fuerzas por la posición en que viene” me dijo el Dr. Mendieta. Inicia la contracción y hago exactamente lo que me dijeron, puje como nunca había pujado, tanto que grite como loca, asi tipo película (segurísimo me escucharon los guardias del parqueo).

Ximena empezó a llorar inmediatamente, en cuanto la escuche todo el dolor que sentía desapareció, fue increíble. Agarraron la muestra de las células madres del cordón umbilical y me la pusieron en el pecho. Así de rápido mi corazón se llenó de amor puro nuevamente, la vimos y fue amor a primera vista.

Ximena Lújan 🙂

Cuando el pediatra terminó de inspeccionarla se la dio a Juan Carlos y le dije “amor, llevala afuera para que mis papás la conozcan “ y me dice Juan Carlos “amor, no hay nadie afuera, yo creo que tus papás se quedaron dormidos esperando que les avisáramos” ¡Se nos había olvidado llamar a mis papas para decirles que ya se podían llegar al hospital porque Ximena ya iba a nacer! Jajaja todo fue tan rápido (literal una hora y diez minutos) que se nos fue por completo volverlos a llamar jajaja. Gracias a Dios ellos viven cerca del hospital y llegaron cuando me estaban trasladando al cuarto. Lo primero que hice estando en el cuarto fue pedirme un Club Sandwich con papas fritas y jugo de manzana porque sentía que me desvanecía. Sentí que había corrido un maratón y que había hecho 2,000 abdominales seguidas. Estaba realmente agotada.

Mi familia conociendo a Ximena 🙂

Al día siguiente, después de contarle todo a mis papás y de reírnos por todo lo sucedido, nos dimos cuenta que fue lo mejor. Mi mamá me dijo que cuando la llamé para decirle que ya estaba con contracciones y que iba donde el Dr. Matus ella se puso a rezar y que rezando se quedó dormida. Mi mamá es bien nerviosa y si hubiera estado ahí cuando el doctor dijo que posiblemente sea cesárea por la posición en que venía Ximena ella hubiera insistido en que me hicieran cesárea inmediatamente, me hubiera puesto nerviosa a mí y locos a los doctores jaja. Así que Dios sabe porque hace las cosas, mi mamá no se dio cuenta de nada y todo salió perfecto. Dolorosisisimo pero perfecto jeje.

Victoria conociendo a Ximena (no muy convencida jeje)
Magu pidió salirse temprano del colegio para conocer a su nueva hermanita 🙂

El parto de Ximena definitivamente fue más doloroso que el de Victoria aunque fue más rápido.  Tratar de voltear a Ximena era tortura y más sin anestesia, pero Dios me dio la fuerza y me puso a las personas correctas en el momento indicado. Cuando nació Ximena los doctores inmediatamente me dijeron que me tuvieron que hacer media episiotomía para que la bebé tuviera menos problemas al salir. También me dijeron de que si Ximena hubiera pesado una libra más que hubiera sido imposible que saliera.

Mientras los doctores me limpiaban y hacían las puntadas para cerrar la episiotomía yo me disculpé con todo el equipo, especialmente con las enfermeras, por haberme portado como niña malcriada y les agradecí como mil veces por haberme tratado como reina. Diosito me puso al mismo equipo que en el parto de Victoria, tal cual como se lo pedí en mis oraciones, y no puedo estar más que agradecida con todos ellos.

El súper equipo de izquierda a derecha: Dr. Edwin Mendieta, Dr. Jaime Matus, Dr. Oscar Padilla (anestesiólogo), Juan Carlos y Dr. César Gutierrez Quant (pediatra-neonatólogo)
Ximena Luján lista para irse a casa 🙂

La recuperación de éste parto ha sido mucho más dolorosa e incómoda por las puntadas de la episiotomía, mientras escribo ésto tengo cuatro días post-parto y el dolor todavía es bastante fuerte.  Es un proceso más lento por el procedimiento que me hicieron, así que me tengo que llenar de mucha paciencia. Pero cuidar y darle pecho a Ximena ha hecho que todo valga la pena.

Al fin y al cabo, Ximena Luján entró a éste mundo representando dignamente el significado de su segundo nombre, Luján, mujer que da brillo, resplandeciente, por eso vino viendo al sol 🙂

¡Bendiciones!