¿Y el segundo pa´cuando?

Hay situaciones que uno dice “eso nunca me va a pasar a mi” y justamente eso pensé cuando mi esposo, Juan Carlos, y yo decidimos pedir otro bebé. Déjenme explicarles… (prepárense una taza de café o de té porque éste post es largo jeje)

Cuando mi esposo y yo nos casamos tenía 27 años y salir embarazada no era prioridad. Si, obviamente moría por ser mamá y definitivamente formar una familia era un gran sueño para mí, pero pensábamos buscar tal vez al año de estar casados para poder disfrutar de nuestro matrimonio. De repente (a los tres meses de casados) nos entraron las ganas de buscar. Para serles sincera, no quería jugar el papel de Dios. En ése entonces se estaban escuchando muchas historias de amigos o conocidos que estaban teniendo dificultades en tener bebé y pensé “¿y si a nosotros nos pasa igual?”, me muero si nos esperamos un año en buscar y después pasamos un año, dos años, tres años buscando y nada. Así que manos a la obra. ¡Quede embarazada en el primer intento! Estábamos tan felices e ilusionados que empezamos a planear todo para su llegada casi que de inmediato. Victoria nació el 26 de diciembre del 2014, dos meses antes de cumplir nuestro primer aniversario de casados y todo fue perfecto. Quedamos en el primer intento, el embarazo fue bello, parto natural rápido y sin complicaciones y lo más importante de todo, Victoria Marie vino al mundo sanita.

Nuestro plan inicial era pedir otro bebé cuando Victoria tuviera año y medio para que se llevarán dos años de diferencia. Esa idea inmediatamente cambio a los cinco meses post parto. Los primeros nueve meses con Victoria fueron muy difíciles, quede bastante traumada (les contare más sobre ésto en otro post) y al año y medio no quería saber nada sobre recien nacidos. Así que decidimos esperar el tiempo que fuera necesario para pedir el segundo, hasta que yo me sintiera 100% dispuesta. Ésta vez no tenía miedo de tener dificultades de quedar embarazada porque con Victoria había quedado en la primera y el doctor hasta me dijo que me cuidara bastante porque era bastante fértil, “tu esposo sólo te ve y quedas” jajaja.

El año antepasado, (junio 2017) ya estaba lista. Sorprendentemente me entraron muchas ganas de salir embarazada, de cuidar recién nacido, chinear, dar pecho etc. Veía bebés en cualquier lugar y quería agarrarlos y apapacharlos jajaja después de la experiencia que tuve con Victoria jamás pensé sentirme así otra vez. Mi esposo estaba entrenando fuertemente para un triatlón y me pidió que por favor esperáramos que pasara su competencia (finales de septiembre) para empezar a buscar. Estaba un poco desilusionada con esa petición pero entendí y accedí.

Llegó octubre y empezamos, luego llegó noviembre, diciembre y nada de quedar embarazada. Ver ése negativo en la prueba de embarazo es horrible (seguro muchas se identifican conmigo), pero no me sentía estresada, yo sabía que lo normal para quedar embarazada es entre seis meses y un año y como con Victoria había quedado a la primera, “fijo antes de los seis meses quedo” me decía a mí misma, pero no fue así. Al ver el negativo en la prueba de embarazo de enero 2018 me empecé a frustrar y a preocupar, así que llamé a una amiga que había pasado por algo similar y le pregunte que hizo. Me dijo que fue donde un ginecólogo para que le monitoreara su ovulación y le indicara el día exacto que estaba ovulando y adicionalmente le dio tips para poder incrementar sus probabilidades. Me explicó que en su primera cita se dio cuenta que no estaba ovulando los días que ella pensaba, más bien hacían la “tarea” casi una semana muy tarde y por eso no quedaba embarazada. Me dijo que a los dos meses de estar monitoreando su ovulación tuvo su gran esperado positivo. Así que decidí hacer lo mismo, pensando que yo también en dos meses tendría mi positivo.

Hice cita con el mismito ginecólogo y le conté al doctor porqué había acudido donde él, me hizo varias preguntas y después me revisó. Todo lo tenía perfecto según el ultrasonido pero me mando unos exámenes de sangre para ver niveles de hormonas y otras cosas más que ya no me acuerdo. Le conté que mi esposo practicaba ciclismo e inmediatamente le mando un examen a él para ver su producción de esperma (aparentemente andar en bicicleta afecta enormemente la producción).

Nuestros exámenes salieron súper bien. Mi esposo y yo estábamos perfectos y no deberíamos de tener dificultad en quedar embarazados así que empezamos a monitorear mi ovulación. A pesar de que todo estaba perfecto con mi esposo, el doctor le mando a suspender la bicicleta hasta que lográramos quedar embarazados. No tienen idea lo frustrante que fue eso para Juan Carlos, su hobby que tanto amaba ya no lo podía hacer (salía diario dos o tres horas). Para los que no conocen a mi esposo, él tiene demasiadas energías y necesita quemar esas energías haciendo actividad física pesada si no se vuelve loco (y a mi también jaja) y la bici es lo que más ama hacer. Ésto inconscientemente generó un poco de estrés en mi porque veía lo frustrado que estaba. Empezó a correr, nadar y a levantar pesas pero siempre se quejaba que le hacía falta su bici y yo me sentía mal de verlo insatisfecho. El estrés de no quedar embarazada más el estrés de ver a mi esposo frustrado fue como una bomba para mí, sentía más presión en quedar embarazada para que Juan Carlos regresara a andar en bicicleta.

Monitoreamos mi ovulación tres meses, efectivamente estaba ovulando antes de lo que yo creía y probablemente por eso no quedábamos embarazados, pero ya estábamos en abril y nada de buenas noticias. Llevábamos siete meses tratando y cada vez me sentía más triste, estresada y frustrada. Un día le dije a mi esposo “sabes que, salí a andar en bici otra vez, verte así más bien me estresa más y si todos los exámenes salieron bien entonces no es necesario que la dejes, si salimos embarazados bien y si no, entonces Diosito tiene algo mejor para nosotros”.

Empecé a pensar que a lo mejor no salía embarazada por lo tanto que me queje de mi experiencia con Victoria. Me acuerdo que cuando Victoria tenía un año las personas me preguntaban “¿para cuándo el segundo?” y yo a veces les decía “nada de segundo, aquí quede, primera y última”. Además, no has salido de parir el primero cuando ya te hacen la pregunta.

A los tres días de ver el negativo en la prueba de embarazo llegó el 18 de abril del 2018. Todos los nicaragüenses sabemos cómo fueron esos días, semanas y primeros meses. Mi estrés de no salir embarazada paso a segundo plano y la seguridad de mi familia se volvió mi prioridad. A principios de mayo Victoria y yo nos fuimos a Costa Rica por dos semanas, pero esas dos semanas se volvieron casi dos meses. Mi esposo llegaba semana de por medio a visitarnos y Mariagustina (mi hijastra) se quedó con nosotros las últimas tres semanas. Debido a la situación, buscar bebé se volvió complicado así que se “pospuso” sin realmente querer posponerlo.

A principios de julio decidí regresar a Nicaragua, me habían llamado de la clínica de mi ginecólogo de cabecera (no el que me estaba monitoreando la ovulación) para decirme que ya me tocaba mi chequeo rutinario así que hice cita y fui. Cuando lo vi casi me le ataco en llantos, le conté toda mi situación. Él, tan lindo, me tranquilizó y me dijo que no me preocupara, me dijo que me iba a ayudar. Me refirió a otro doctor que también monitoreaba ovulación y me dijo que le mandara los resultados por Whatsapp inmediatamente después del ultrasonido.  El proceso era exactamente el mismo que con el primer doctor, solo que ésta vez mi ginecólogo de toda la vida me iba a decir cuando hacer la “tarea”.

Esa vez que Juan Carlos y yo hicimos el amor sabía que si había funcionado, no sé por qué, pero simplemente sentí paz y tranquilidad. A las dos semanas exactas después de haber ovulado, sábado 25 de agosto 2018, obtuve el positivo que tanto estaba esperando. Empecé a sudar helado y a gritar de emoción, me salieron lágrimas y me arrodille para agradecerle a Dios. Estaba sola porque todas las pruebas de embarazo me las hacía sola, esperaba que Juan Carlos se fuera a trabajar y corría al baño a hacerme la prueba (si me salía negativo no quería que Juan Carlos me viera triste, necesitaba mi espacio para auto-terapearme). No sabía qué hacer, no sabía si llamarlo y decirle, mandarle un mensaje o esperarme hasta su cumpleaños (28 de agosto) para darle la noticia como regalo. Me hubiera encantado tener una cámara grabandome en ese momento, pase caminando y dando vueltas pensando en que hacer. Brincaba y me ponía a reír de la emoción como loquita, cualquiera que me hubiera visto hubiera dicho “y a esa loca que le pasa…” jajajaja. Pero no me aguante, le tome foto a la prueba de embarazo y se la mande por Whatsapp (igual hice cuando me salió el positivo de Victoria). Que aburrido, yo sé, pero no entienden, no me podía contener de la emoción y yo sabía que él estaba en una reunión importante y no me iba a contestar el teléfono si lo llamaba. Pero si hay algo que mi esposo es experto en hacer es dos cosas a la vez, sabía que iba a ver la foto mientras ponía atención a la presentación. A los cinco minutos me llamó emocionado y a la vez confundidisimo por que el positivo en la prueba era suuuuuuper débil, y no lo veía bien «¿Estás o no estás?? ¡No entiendo!» jaja me preguntó y le dije que ¡sí!. Dejó la reunión para platicar conmigo y planear como le íbamos a decir a nuestros papás. Los dos estábamos demasiado emocionados. El día del cumpleaños de mi esposo invitamos a mis papas y a mis suegros a almorzar y ahí les dimos la linda noticia. Pedimos champán y brindamos por la nueva bendición que venía en camino.

Arriba pueden ver el resultado de la prueba casera, el positivo era bien débil. Desde ese día todo ha sido felicidad y he gozado mi embarazo. Me siento como si es mi primera vez, la misma emoción e ilusión. Me prometí documentar cada momento y así tener recuerdos de éste lindo milagro.

Decidí contar mi experiencia porque sé que muchas mujeres, mejor dicho parejas, han pasado o están pasando por lo mismo. Es una situación que puede llegar hasta a avergonzarnos y las personas somos bien imprudentes y me incluyo porque antes de todo ésto yo hacia la típica pregunta “¿y el bebe para cuándo?”. Uno no sabe qué está pasando detrás de cámara. Mi caso no era un caso serio, mi esposo y yo estábamos perfectos y simplemente no quedábamos embarazados porque Dios no quería y aún así esa pregunta nos ponía triste, uno siente que está fallando. No me puedo imaginar cómo se deben de sentir parejas que si tienen problemas de fertilidad y que pasan años tratando y nada. Cuando a mí me preguntaban por el segundo bebé les decía sin filtro “ya estamos buscando y no hemos quedado, vamos a ver cuándo nos bendice Dios”. A veces hasta les decía cuantos meses llevábamos tratando solo para incomodarlos y las personas se quedaban callados y ponían cara como de pesar. Ésto lo hacía para mandarles la indirecta “Dejen de hacer esas preguntas porque incomodan”. Créanme, cuando uno está buscando bebé y no lo ha logrado el tema siempre está presente. Todos los días uno despierta pensando cuando pasará y porque no ha pasado. Yo llegué a un punto donde empecé a pensar que algo tal vez si estaba mal conmigo, que a lo mejor tenía algo serio que no habían visto en los ultrasonidos o en los exámenes. A veces no saber por qué exactamente no estás quedando embarazada es más frustrante que cuando sabes la razón.

A todas esas mujeres o parejas que me están leyendo y están pasando por lo mismo solo les quiero decir que no están solos. No pierdan la fé y confíen en Dios, porque el tiempo de Dios es perfecto. Hablen con sus esposos de cómo se sienten y esposos apoyen a sus esposas (y viceversa). Hablen con personas que han pasado por lo mismo y han tenido historias de éxito, se sentirán mejor. Yo me acuerdo que yo me mantuve bien privada sobre éste tema con mi familia. Mi mamá sabía que estaba buscando y sabía que si no les habíamos anunciado nada era porque no habíamos podido y simplemente respetó mi privacidad y se lo agradezco muchísimo. Jamás me sentí presionada por mis papás o por mis suegros.

Si les molesta que familiares les vivan preguntando sobre tener bebés sean honestos con ellos, díganles que ya están buscando pero que simplemente no ha pasado y que por favor no les pregunten porque les incomoda. Al hacer ésto la familia sabrá que si no han anunciado nada es obvio porque. Créanme, lo peor que pueden hacer es mentirles y decirles “ay no, todavía no, estamos bien así, tal vez el próximo año” porque ahí sí que no van a dejar de sacarles el tema para convencerlos en tener bebés lo más pronto posible. Simplemente sean honestos.

Espero que mi testimonio le sirva aunque sea a una persona, que les de esperanza y fuerza para seguir buscando ese milagrito/bendición. Para Dios el imposible no existe, sepan que cada día que pasan buscando están más cerca de ver ese positivo que tanto desean.

Bendiciones siempre,